MUJERES DE RIOJA ALAVESA


Queremos compartir con todos/as nuestra nueva edición que hemos publicado de las historias de vida de mujeres que viven en Rioja Alavesa:
Euskera
https://drive.google.com/file/d/0B-K4B_JtqVmLMWliZlN6bW42Z2s/view?usp=sharing
Castellano
https://drive.google.com/file/d/0B-K4B_JtqVmLSW1LZzRCWWduNGs/view?usp=sharing


Aquí podéis ver la edición que hemos publicado de las historias de vida de mujeres que viven en el municipio de Oyón:



MUJERES DE OION/OYÓN (versión en español)


 P.

Mis padres vivían en la fábrica de chocolate “Las Bargas”, en Munilla, donde yo nací. Era un caserío con un reloj, y hoy en día todavía se conserva el reloj. Mi padre era el casero de la fábrica.
Mi abuela era de Buimanco, Soria. Subíamos y bajábamos con los machos. Iba al colegio de La Escurquilla donde estaban mis abuelas, y bajaba a estar con mis padres en Semana Santa y en las Fiestas. Todavía tengo los cuadernos con las buenas notas que sacaba, era muy estudiosa y aún me gusta mucho estudiar.
A mi marido lo conocí también allí. Yo trabajaba en la fábrica de chocolate y él en la de al lado, la fábrica Aguirre, que era de paños, y nos veíamos todos los días. Nos casamos en La Escurquilla, y hemos estado 62 años juntos. Él era muy bueno y ha sido la persona más importante de mi vida, he crecido con él. Recuerdo que cuando tenía 18 años se tuvo que ir a la Guerra a la zona de Teruel. Acabamos hartos de tanta guerra, la verdad.
 Murió hace 8 años ya… Tuvimos dos hijas y dos hijos y ahora tengo 9 nietos y 7 biznietos.
Cuando cerraron las fábricas nos vinimos a vivir a Oyón ya que aquí teníamos a una prima, donde nos acogieron muy bien, y hemos estado viviendo aquí desde entonces durante unos 60 años. Al principio teníamos cerdos y hacíamos matanza, recuerdo un año que tuve una cerda con 10 cerditos, estaban preciosos!
Mi marido estuvo trabajando durante muchos años en una fábrica donde hacía hierros y yo fui ama de casa en la casa del alcalde y en la de los curas y también trabajé en una empresa de Bacalao. He sido una persona muy activa y he participado siempre en las cosas que he podido de Oyón. Que había que hacer almendras para alguna actividad? Las hacía. Que había que hacer rosquillas? También las hacía.
Me ha gustado también mucho coser, y hacer punto. Creo que he cosido chaquetitas para todo el pueblo. Cada vez que nacía una niña o niño le hacía un conjunto.
Cuando nos jubilamos aprovechamos para viajar, hemos estado por todos los sitios! Menos en Santiago que se le rompió a mi marido una rodilla y no pudimos ir. Me gustaba mucho viajar, la verdad. Hace unos años celebramos las Bodas de Oro. Las recuerdo como el mejor momento de mi vida. Un cura amigo nuestro hizo una misa que nos emocionó y lo celebramos con toda la familia en el hotel.


Hasta los 90 años estuve viviendo en mi casa y después me quise venir a vivir a la residencia donde estoy muy contenta.


I.

Mi infancia fue una época muy, muy bonita, a pesar incluso de que mi padre había muerto cuando tenía 2 años. Yo soy la pequeña de 7 hermanos/as así que todos me cuidaban y se preocupaban por mí. Eran como mis padres y madres. Vivía en un barrio de Casablanca e iba al colegio que estaba muy cerca de casa. En el colegio tenían comedor y desayunábamos y comíamos allí. Me encantaba estudiar, la verdad. En el barrio podía jugar con todos mis amigos y amigas a todo tipo de cosas… sobre todo al fútbol y al juego de “goma” que me encantaba. Hoy en día los niños/as no juegan tanto. Mis hermanos/as me animaban a que yo estudiase, decían que yo tenía la oportunidad de hacerlo.
Los veranos nos íbamos al pueblo donde vivía mi tío que tenía tierras, vacas, cabras… y disfrutábamos un montón. Era un pueblo a unos 20 km de mi ciudad, muy parecido al estilo de las casas de Andalucía.
Nunca pensé en venir aquí. Me iba muy bien en la universidad y sacaba muy buenas notas. No pensaba venir pero entonces murió mi madre y fue un choque tan grande… era mi padre y mi madre a la vez. Todavía me sigue afectando. Su muerte fue la cosa más difícil que me ha pasado en la vida. Me quedé sola y por eso decidí venir aquí, donde vivía uno de mis hermanos. Cuando vine aquí fue con la condición, por parte de mis hermanos, de estudiar, ellos querían que acabase la carrera. Empecé 4º de económicas pero me resultaba muy difícil el cambio de idioma y pensé dejarlo temporalmente… pero entonces conocí al que hoy es mi marido, empezamos a salir y me casé.
Mi marido es mecánico y estuvo trabajando en un taller durante 8 años y yo en ayuda a domicilio. Mientras, fueron viniendo los hijos y tuve que dejar por un tiempo el trabajo para cuidarlos. Ahora tengo 3 hijos y el mayor tiene ya 11 años. Cuando llegó la crisis, a mi marido se le acabo el contrato y nos mudamos a Sevilla donde teníamos familia, y estuvimos durante un año, pero allí era mucho más complicado encontrar trabajo. Volvimos entonces al norte porque ofrecieron trabajo a mi marido en Oyón en un taller mecánico y nos vinimos a vivir aquí. Ahora llevamos 4 años. Me gusta mucho vivir aquí es muy tranquilo, y te da más seguridad para tus hijos.


Nos gustaría volver a nuestro país, sobre todo a mi marido porque sus padres están mayores y solos allí y les echa mucho de menos. Pero mis hijos aquí están mejor, la educación y la sanidad son mejores. Cuando mis hijos tengan su vida y sean mayores espero que podamos volver.


L.

Vengo de una zona montañosa que se llama Ifrane, en el Atlas mediano. Es una zona de montaña, con bosques, especialmente cedros. Es muy turística y conocida y hay mucha naturaleza alrededor. También hay monos.
Donde yo nací cada casa tiene su tierra y su jardín. Nosotros teníamos un terreno con una huerta y algunos animales: sobre todo vacas y ovejas. Solíamos además plantar trigo, patatas, guisantes…
Hasta que cumplíamos los 6 años estudiábamos en la escuela del pueblo, pero luego teníamos que bajar a la ciudad de Azrou que estaba a unos 10 km, para estudiar secundaria y bachiller.
Azrou, que se llama así porque en medio hay una piedra muy grande, allí alquilamos una habitación en una casa, y más tarde compramos una casa. Mi padre bajaba a vernos cada los martes. Trabajaba de conductor de ambulancias y además cuidaba el campo con mis hermanos. Mi madre cuidaba de la casa y de los animales. Nosotros siempre hemos jugado al lado de las vacas, las hemos visto dar a luz… cosas bonitas que se te quedan grabadas.
Mi infancia fue buena. Con los niños de los vecinos cogíamos flores, hierbas… jugábamos en la naturaleza todo el día. Solía venir mucha familia a visitarnos, siempre había gente en casa!
En la zona que yo vivía se hablaba el bereber, pero las clases eran en árabe. Además de eso también hablábamos en francés. Estudié hasta el bachillerato. Cuando cumpli los 18 años me casé y al acabar los estudios nos vinimos a vivir a España.
Mi marido ya estaba aquí trabajando, desde el 2001, y yo vine en el 2004. Yo no conocía nada de España ni de Europa. Aquí descubrí muchas cosas, y aprendí muchas cosas sobre mi misma, la vida, la responsabilidad... En mi casa al ser la más pequeña había estado muy protegida. Solo estudiaba. Mi padre hizo lo que pudo para que estudiásemos todos. Cuando decidimos venirnos a vivir a España, lo único que pensé es que iba a estar lejos de mis padres. Son muy cariñosos. Ahora además mi padre está enfermo y no puede venir a visitarnos, ni viajar mucho.
En Oyón llevamos viviendo unos 10 años. He tenido 3 hijos, que llevan toda la vida viviendo aquí. Ahora que han ido crecido estoy estudiando para sacarme la E.S.O..
Me hace sentir muy bien estudiar, me hace acordarme de muchas cosas: de las mates, el inglés… estoy también aprendiendo euskera, así puedo ayudar a mis hijos con sus deberes.

Me gusta vivir en Oyón, aquí he descubierto mis habilidades. He hecho una vida aquí. En Marruecos no me gustaban las ciudades grandes y es más fácil relacionarse en un sitio pequeño.


A.

Aprendí castellano con un diccionario mientras recogía naranjas en algún lugar de Andalucía. Había llegado allí reclutada desde Polonia con un grupo de compatriotas después de tirarnos 3 días y 3 noches en autobús. Se me hizo eterno! Recuerdo cuando estábamos a punto de llegar se cruzó por la carretera un rebaño de ovejas con su pastor y pensé: Dónde me han traído? Esto no puede ser España… me imaginaba que iba a ser un lugar moderno y diferente.
Venía desde una pequeña población polaca a unos 150 Km de Cracovia. Teníamos una granja con una huerta y una manada de vacas y allí vivíamos todos, mis padres, mis 4 hermanos/as y yo. Hasta los 8 años pude estudiar en mi pueblo, aunque tenía que andar todos los días media hora para llegar al colegio, pero a partir de entonces, tenía que coger todos los días un autobús que le costaba tres cuartos de hora llegar a la población donde estaba el Instituto. Después de esto estudié Hostelería y con 18 años ya me había independizado y trabajaba en una pastelería en la misma ciudad donde había estudiado.
Entonces escuché en la radio que había salidas a España con contrato y decidí apuntarme.

Durante los meses que pasé recogiendo naranjas en Punta Umbría, un hostelero me ofreció trabajar en su “chiringuito” de la playa durante el verano. Me pareció buena idea para pasar aquí el verano, con calor y luz. Ahí conocí al que hoy es mi marido. Él también trabajaba en este lugar y nos fuimos haciendo amigos. Después de dos meses trabajando, empecé a enterarme más cómo funcionaban las cosas aquí, y me di cuenta que el salario que cobraba (400 euros mensuales trabajando todo el día de lunes a domingo) no era justo ni adecuado por lo que cambié a otro lugar donde las condiciones eran mejores. Mientras mi pareja, se había venido al norte a trabajar por lo que al cabo de unos meses me trasladé yo aquí también. Aquí nos casamos.
Estuve por un tiempo trabajando en hostelería en distintos bares y restaurantes y cuando me quedé embarazada tuve que dejarlo temporalmente. Ahora he tenido otro hijo y de momento son muy pequeños pero más adelante me gustaría volver a trabajar. Estuvimos viviendo en varias ciudades, pero yo echaba de menos el campo y las montañas con las que tanto contacto tuve en mi niñez, además de la tranquilidad que tienes en los sitios más pequeños. Por eso cuando tuvimos la oportunidad nos vinimos a vivir a Oyón, a una casa desde donde a través de la ventana puedo ver las montañas y disfrutar de tranquilidad que tiene.

No sé a dónde me llevará el futuro, lo más importante para mi es que mis hijos estén bien así que haré lo posible por generarles bienestar. Y vivir aquí me gusta. En Polonia las personas son mucho más distantes y frías, me gusta cómo se relaciona aquí la gente, es mucho más cariñosa y cercana y te hacen sentirte como en casa.


M.

Yo soy de Enciso, nací allí hace 62 años. Tengo muy buenos recuerdos de mi infancia allí. La vida en los pueblos es estar mucho en la calle, y eso es lo que hacíamos. Nevase, lloviese… nos lo pasábamos muy bien. Solíamos jugar a guardias y ladrones, ir a por moras… recuerdo que más de una vez nos venían a buscar porque se nos olvidaba volver de lo bien que nos lo estábamos pasando. Recuerdo esa época con mucho cariño.
Mi padre trabajaba en una fábrica de paños y llevaba también un bar pequeño que había en el pueblo. Cuando cerró la fábrica tuvimos que emigrar de allí. Nos marchamos unas 100 familias con hijos y todo.
Nosotros éramos seis hermanos/as y nos fuimos con mis padres a San Sebastián donde mi padre tenía un hermano que le ayudó a buscar trabajo. Yo tenía 9 años por aquel entonces. Esa época también lo pasé de maravilla, allí estuvimos viviendo 5 años. Mi padre estuvo trabajando de Sereno, y recuerdo el colegio al que solíamos ir.
Cuando tenía 14 años, nos volvimos para ir a vivir a Logroño. Acabé de estudiar y me puse a trabajar. Antes era así, acabar el colegio y a trabajar. Estuve trabajando con unos tíos en la Casa del Café durante 9 años. Entonces conocí al que hoy es mi marido. A una amiga le gustaba un amigo suyo y por eso empezamos a vernos.
Cuando nos casamos, nos vinimos a vivir a Oyón porque él era de aquí. Yo tenía entonces 23 años. Mi marido trabajaba y trabaja en el campo, y yo a los dos años de estar viviendo aquí abrí una tienda de alimentación que la tuve durante 20 años.
Al principio fue un poco duro porque estaba embarazada de mi segundo hijo y tenía que estar todo el día en la tienda. Menos mal que mi familia me ayudó mucho a criarlos. Mi hija mayor iba allí al colegio en Logroño y  se quedaba entre semana en casa de mis padres y así  ellos la podían cuidar.
Ahora llevo 39 años viviendo en Oyón, tengo la vida hecha aquí, no me iría a vivir a otro sitio. Es donde más años he pasado. Mis hijos, de hecho, se consideran oyoneses. Mi hija trabaja en una bodega y mi hijo con su padre en el campo, y los dos siguen viviendo aquí en Oyón. Tengo familia en Logroño y en Enciso, pero no me movería a ningún otro sitio. Aquí también tengo a mis cuatro nietos. Por cierto que mi hijo es el “Katxi” en las Fiestas de San Vicente y San Anastasio.



A.

Nací en un pueblo de Gujrat, una región de Pakistán. Vivía en una casa grande con mis padres y mis hermanos, dos chicos y una chica. Mis padres trabajaban en el campo, tenían tierras y animales. Cultivábamos el arroz y las verduras que comíamos a lo largo del año, y también hacíamos nuestra propia harina. Yo ayudaba a mi madre en casa y jugaba con mis hermanos, porque siempre me gustaron más los juegos de chicos. Recuerdo que jugaba al cricket con mis hermanos y mis primos en un patio muy grande que teníamos en casa. Para estudiar, cuando éramos pequeños, íbamos a la escuela de un pueblo que teníamos cerca, no estaba lejos de casa. Pero el bachillerato ya lo estudié en otro pueblo más lejos al que solía ir en autobús o coche. Estudié dos bachilleratos, hasta los 20 años. Siempre me ha gustado leer y estudiar, de hecho todavía sigo leyendo todas las noches.
Tiempo después conocí a mi actual marido, nos comprometimos y al año me casé con él allí, en nuestro pueblo. Seguimos viviendo allí y más tarde tuve mi primer hijo. Después mi marido vino a España a trabajar y yo vine un año después. Al principio yo no quería venir, era feliz allí. Mis padres me animaban para que estuviera aquí con mi marido, para que estuviéramos juntos. Finalmente vine y primero vivimos en Logroño, durante 7 años, y ya después vinimos a Oyón, hace un año. Mi marido trabajaba en la construcción, pero con la crisis perdió el trabajo.
Mis recuerdos son buenos y era feliz en mi pueblo. De vez en cuando he seguido yendo a visitar a mi familia, tres o cuatro veces desde que estoy aquí. Mis padres ya no viven en el mismo pueblo trabajando el campo, se trasladaron a una ciudad más grande, y mis hermanos emigraron a Arabia Saudí, porque en Pakistán no hay trabajo ni aunque tengas estudios.
Ya nos hemos acostumbrado a estar aquí. Me gustaría volver a Pakistán, pero los niños están mejor aquí. La educación es mejor, y la sanidad también. Allí hay muchos hospitales privados y los públicos son fatales. Si tienes un problema de salud no sabes dónde acudir hasta que ya es muy tarde. También es todo más peligroso que antes, los niños no pueden salir a la calle ni tampoco ir al colegio solos.


Echo mucho de menos a mis padres. Recuerdo que mi madre me contaba cuentos, y yo se los cuento ahora a mis hijos. Aunque ella en realidad era más dura que mi padre. Él nunca nos decía nada. Creo que en general mi vida ha sido buena.



A.


Nací en Oyón en julio del cuarenta y seis, en la calle Av. De Navarra. Fui hija única, era la primera nieta y la niña mimada de mis abuelos. En aquella casa viví con mis padres hasta que tuve 9 años, entonces nos mudamos a otra en……, un unifamiliar. Mi madre era ama de casa y mi padre guardia de riegos, el que repartía el agua. Mi padre estuvo en la guerra.
En aquellos años solía jugar con mis amigas del pueblo en la parte de atrás del palacio, allá nos íbamos. Jugábamos a que éramos tenderas, cogíamos berzas, las partíamos y decíamos que era… Recuerdo mi comunión. Antes se hacía siendo más pequeños, con seis años, y se hacía en casa. En el verano lo que más me gustaba era ir al monte, porque no había piscina. Íbamos al monte de Santa Marina, por donde pasaba el canal. Iba con unas amigas a ese canal y allá nos bañábamos, si no te pillaba nadie, porque había un guardia que te multaba si te veía. “¡Que viene el milímetro!”, decíamos, que le llamábamos así porque medía 1,95, y volábamos en cuanto lo veíamos. Y por las noches en verano íbamos por la carretera de Yécora y había manzanos y cogíamos manzanas y nos las comíamos. Por allá paseaban los chicos y las chicas.
En San Juan íbamos con delantalitos por las casas y cantábamos: “eche usted, eche usted, eche usted,… pesetitas a mi delantal; eche usted, eche usted, eche usted,… para celebrar San Juan”
Y con el dinero que nos sobraba hacíamos comida para San Pedro. Aunque normalmente nos daban más bien nueces, almendrucos, etc. Entonces en San Juan nos levantábamos las amigas cada año en una casa y desayunábamos chocolate, pero ahora se hace el chocolate por la noche.
Iba a la escuela con una maestra que se llamaba Doña Paz. La escuela estaba donde está ahora la ikastola. Estuve luego cosiendo tres años con una maestra que se llamaba Fulen y era de San Sebastián. Hacíamos ropa, vestidos, trajes por encargo… Ella había trabajado en San Sebastián con Valenciaga. Se tuvo que venir aquí porque allí se ponía mala. Cuando la guerra conoció a una señora de Oyón y se vino aquí con ella.
Cuando Fulen se puso enferma empecé a trabajar en Rioja Cartonajes, que estaba en Oyón, al lado del hotel. La tiraron y la hicieron en la carretera de Logroño. Se hacían cajas de cartón. Estuve trabajando cuatro años, hasta los veintiuno. Allí conocí a mi marido, que era de Soria. Yo era hija única y él eran trece hermanos. Nos casamos y dejé la fábrica y estuvimos viviendo con mis padres cuatro años. Tuve mi primer hijo y nos mudamos a vivir a la calle San Martín. Después tuve dos hijas más.
Como siempre me ha gustado coser me apunté a la Asociación [San Prudencio]. Llevo treinta y tantos años en la Asociación. Allí hacemos manualidades, fofuchas, aerobic, bisutería, pintura… Antes había muchos cursos. Hace siete años o así había mucha gente, hasta 160 socias en la Asociación. También hacíamos los trajes para los reyes y los katxis. El katxi se conmemora en las fiestas de enero, que son las patronales, las de San Vicente y San Anastasio. Esto del katxi viene de que, antiguamente, la gente humilde tenía que hacer pleitesía a los ricos. Delante del conde o del que tocara, en señal de obediencia, el pobre se revolcaba por el suelo y eso ha quedado como una tradición. En agosto el katxi, que es un muñeco, baja de una torreta a la plaza.


Antes se guardaban todas las fiestas. San Prudencio se empezó a guardar hace 25 años en Oyón y desde entonces se hace la caracolada. Por San Vicente, torillo de fuego. En conmemoración de que un año iba la procesión con los santos y un toro que se había escapado fue donde ellos. La gente se fue, dejaron los santos en el suelo, y el toro se quedó mirando los santos pero no hizo nada. Y por esto se dice la expresión si alguien te cae mal: “ojalá revientes como el torillo de San Vicente”.




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